Échales una mano. El
problema es muy grave. Las asociaciones autóctonas, tanto
laicas como confesionales, que trabajan en el ámbito de la
solidaridad y de la cooperación al desarrollo humano de las
poblaciones africanas, al contrario que las congregaciones u
organizaciones de origen extranjero, no pueden muchas veces
materializar sus proyectos humanitarios por falta de medios.
Mientras los misioneros y cooperantes europeos, sin mencionar
las infinitas sectas estadounidenses, por poner un ejemplo,
tienen en sus respectivos países -en su retaguardia- el apoyo
de sus gobiernos, embajadas, organismos autonómicos,
ayuntamientos, iglesias, diócesis, congregaciones religiosas,
etc. con lo que pueden conseguir fácilmente los medios,
bastando a veces con sólo expresar sus deseos, las
organizaciones locales carecen de esa retaguardia, razón por la
cual nadan en la escasez de medios y se resiente la propia
organización, dando la impresión de que los que más tienen
son los únicos que lo pueden hacer bien. Es más, se da la
circunstancia de que desde los gobiernos europeos y desde las
grandes ONGs se prefiere colaborar casi exclusivamente con sus
enviados o connacionales, dándose el sorprendente caso -un
ejemplo más- de que en los proyectos o escuelas gestionadas por
los extranjeros no falta de nada mientras que en las regentadas
por personal autóctono -a veces no muy lejos de las otras-
carecen de todo porque los "enviados" se niegan a
compartir o a cooperar. Su labor brilla muchísimo más en medio
de tanta pobreza. En la mayoría de los casos, las escuelas,
orfelinatos y las residencias de las religiosas autóctonas se
hallan en macroedificios heredados de los tiempos coloniales,
cuando los aires de grandiosidad soplaban en la Iglesia
colonial. En las actuales circunstancias y sin medios, esos
edificios en manos de nativos sin recursos y sin retaguardia
son, en la mayoría de los casos, un desastre.
Los amigos y colaboradores
de SOS ÁFRICA son la retaguardia solidaria de esos hombres y
mujeres africanos que hacen posible la solidaridad. A pesar de
sus carencias, son los que están trabajando codo a codo con las
poblaciones locales para liberarles de la esclavitud de la
ignorancia, de la enfermedad, de la miseria, de la dependencia,
etc. y para que, a largo plazo, ya no sea necesaria la presencia
apabullante de organizaciones extranjeras con ánimos redentores
y cuyo objetivo misional debería ubicarse preferentemente y
definitivamente en el corazón de los países ricos.
"Papiros
de Solidaridad", Boletín informativo de SOS ÁFRICA,
Nº 10, diciembre 1999.