Chikaba o
Sor
Teresa Juliana de Santo Domingo:
La esclava de las señoritas
monjas dominicas
¡Ay, misterio de dolor! Los católicos en general y
las religiosas racistas (RR) en particular
creen
vehementemente, ardorosamente,
candorosamente, que Jesús está presente en
un trocito de pan
que es obligado adorar y guardar en un sagrario
hecho por manos humanas. Horas y horas
delante del sagrario. No se sabe -nos
referimos a las RR- meditando en qué.
Mucho sagrario, sí. Sin embargo son
capaces de pisotear diariamente, con ganas y
con saña conventual, a personas que no solamente son imagen y
semejanza de Dios sino sagrarios vivientes,
ignorando alegremente que
el santuario en el que
Cristo sí
mora por su Espíritu es el cuerpo de cada
creyente verdadero en Él (1 Corintios
3: 16;
1 Corintios
6:19)
.
¡Ay, misterio de dolor!
Lo que tuvo que sufrir esta pobre mujer
africana metida a monja y por parte de sus
propias compañeras dominicas RR muy
entregadas a su "dios". ¿Creen
acaso que estas
cosas ya no pasan en los conventos de hoy? Y
cada día a comulgar tan tranquilas.
Claro: ese dios racista -creado a imagen y
semejanza de los humanos- no puede habitar
en un cuerpo de negra epidermis. En el cielo
de las monjitas blancas racistas, no existen
los “Angelitos Negros”.
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Dios Sí está
aquí ... |
.. pero No
aquí |
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A Dios
rogando... |
... y al
prójimo dando. |
Extracto: "El
6 de diciembre de 1748 moría en un convento
(Dominicas de Santa María de la Magdalena o de
la Penitencia)
de Salamanca una monja negra. Su muerte no fue
celebrada con ninguna pompa especial. Pocos
asistieron al entierro. Aunque había profesado
como las demás, se había pasado la vida
sirviendo a las otras
monjas.
Aunque
era libre, la habían tratado como a una esclava
de la casa. La elección de su lugar de reposo en
el cementerio levantó ronchas, porque se decidió
enterrarla junto a las monjas blancas, sin hacer
distingos, cuando durante toda su vida
conventual había sido relegada al último lugar,
a trabajar en la cocina, a curar a enfermas
apestosas o a jóvenes endemoniadas. Cuando la
noticia se extendió por la ciudad, la gente
irrumpió en su celda y sus objetos personales se
convirtieron en reliquias: cada cuenta del
rosario fue separada del resto, su velo fue
hecho trizas, sus papeles quedaron
desperdigados, sus estampas devotas pasaron a
otras manos, todo lo que había estado en
contacto físico con su cuerpo tenía ahora
inmenso valor. Quién había sido esta mujer?
En internet venden
este pañito para la superstición
"La
publicación en Salamanca en 1752 de un
"Compendio de la vida
exemplar de la
Venerable Madre Sor Teresa Juliana de Santo
Domingo", probablemente pasó desapercibida.
Se trataba de una hagiografía más de una monja a
la que se atribuían milagros y visiones
místicas, que levitaba, curaba enfermos y hasta
paraba las bombas de los enemigos portugueses en
la Guerra de Sucesión de principios de aquel
siglo.
Un
sacerdote, su último confesor, como tantos
otros, Carlos Manuel de Paniagua, escribía sobre
la vida y virtudes portentosas de la que el
pueblo llamaba La Negrita de la Penitencia,
en honor al convento en donde vivió y murió".
(Copyright Baltasar Fra Molinero, 1999 )
Leer más
en www.abacus.bates.edu/~bframoli/pagina/chicaba.html
"Tras rechazar proposiciones de matrimonio
bastante extravagantes y liberarse de varios
intentos de asesinato, uno de ellos en el
estanque del retiro de Madrid, decide ingresar
en un convento. El marqués
Mancera
le concede la libertad, pero
muchos monasterios
cierran sus puertas a una mujer de raza negra.
En 1704 consigue ingresar en el Convento de la
Penitencia, en Salamanca, donde entra bajo
condiciones especiales. Los que fueran sus
dueños tuvieron que abonar una dote completa y
algunas tasas extraordinarias y aún así
Chicaba
no fue admitida como novicia, sino como
sirvienta de las monjas, siendo apartada de
ellas en los rezos y las comidas. Se le prohibió
incluso acostarse en el dormitorio y lo hacía en
la enfermería.
*La Santa Negrita* soportaba cada
humillación a la luz de un intenso misticismo".
Leer más en
http://el-desvan-de-noc.spaces.live.com/blog/cns!B7C2EEBC0D6A88EC!392.entry
Leemos en http://www.dominicos.org/monjas/conventos/salamanca.htm:
"Consagradas a Dios para contemplar y celebrar
su amor y salvación, las religiosas viven su
consagración en una gozosa comunión de
fraternidad dominicana, y se sienten y son
apóstoles, enviadas al mundo para dar testimonio
de la salvación y del amor de Dios a todos
nuestros hermanos los hombres". Muy bonitas
palabras humanas. Buena literatura. Eso mismo
escribirían hoy esas religiosas
racistas que a buen seguro eran de misa,
confesión y comunión diaria. Y seguro que
afirmaban que en el convento estaban para buscar
espiritualidad. Ayer como hoy. A la monja
africana que crucificaban cada día, hoy la
quieren ver en los altares.
Un santo más en la larga colección. Pero no
servirá para nada. Y por muy "santa" que sea,
siempre será "La Negrita" (Hoy en día
algunas prioras dicen "mis niñas" a monjas
africanas de más de 30 años). "En
1810 el convento de la Penitencia fue destruido
por los franceses. La comunidad fue acogida en
nuestro monasterio de Santa María de la Dueñas,
trayendo con ella los restos de la Negrita, Sor
Teresa".
¡Y dále con esa falta de respeto típica de los
racistas de siempre acostumbrados a
diminutivizar y a ningunear a la persona humana!
Martín de
Porres,
fray escoba: esclavizado por los señoritos
monjes dominicos
El
racismo parece formar parte del carisma de
algunas órdenes religiosas.
Los
Dominicos han dado muestras de ser campeonísimos en ese inmundo deporte. He aquí
otra de sus víctimas. "A los 15 años abandona
todo e intenta ingresar en el convento. Según
las reglas de la orden no se admitían ni indios,
(ni negros) ni mulatos ya que su padre era blanco
y su madre negra tenía también su hermana menor
que él, también mulata, por ello sólo lo
admitieron como donado, sin votos, quiso las
tareas más humildes;
dentro del convento no
tenía derechos,
para ejercer los trabajos más bajos.
Se convirtió en un esclavo
voluntario. Nueve
años estuvo barriendo, lavando, limpiando ”En
casa de Dios” repetía. A los veinticuatro años,
debido a sus méritos, lo hacen “hermano”, le dan
derechos y beneficios. Hace aquí sus votos de
obediencia, castidad y pobreza. Fray Martín no
tenía nada propio. Nunca tuvo objetos nuevos. Su
vestimenta era siempre de segunda mano. Usaba el
calzado que otros desechaban, y dormía en el
ropero de la enfermería, porque
no tenía celda propia".
"San
Martín de Porres fue el primer cristiano de piel
oscura admitido en el blanquísimo santoral de la
Iglesia católica. Murió en la ciudad de Lima,
hace tres siglos y medio, con una piedra por
almohada y una calavera al lado. Había sido
donado al convento de los frailes dominicos. Por
ser hijo de negra esclava, nunca llegó a
sacerdote, pero se destacó en las tareas de
limpieza. Abrazando con amor la escoba, barría
todo; después, afeitaba a los curas y atendía a
los enfermos; y pasaba las noches arrodillado en
oración.
Aunque
estaba especializado en el sector servicios, San
Martín de Porres también sabía hacer milagros, y
tantos hacía que el obispo tuvo que
prohibírselos. En sus raros momentos libres,
aprovechaba para azotarse la espalda, y mientras
se arrancaba sangre se gritaba a sí mismo:
«¡Perro vil!». Pasó toda la vida pidiendo perdón
por su sangre impura. La santidad lo recompensó
en la muerte"
Leer más
en http://personales.alumno.upv.es/~pausalvi/Eduardo_Galeano/altres_articles/espejos_blancos.htm
Racismo
conventual en pleno siglo XXI
"El racismo,
esa distinción que hacemos los
hombres y mujeres distinguiendo
a nuestros semejantes por el
color de la piel es algo tan
sinsentido como distinguirlos
por la estatura o por el volumen
de la masa muscular. Y lo peor
no es la distinción que está ahí
sino que ésta lleve consigo una minusvaloración de las personas
-necesariamente distintas- para
el desempeño de oficios,
trabajos, remuneraciones y
estima en la sociedad".
Religiosas de la Sagrada Familia
de Urgell, que traen engañadas a
menores de edad para hacerlas
monjas, son las típicas piadosas racistas
de comunión diaria. Un simple
detalle: mientras las
hermanas señoritas
compran su ropa en famosos
grandes almacenes, a las
discriminadas africanas, de
rango muy inferior, se les
busca la ropa en tiendas de
segunda y tercera mano, para
mayor gloria de Dios. De la
mencionada institución ya se han
escapado varias chicas africanas
como quien huye de las
plantaciones. ¿Por qué tanto odio,
desprecio y
alergia a personas por razones
de color? Sí, en pleno siglo XXI.
Y todas tan cristianas. A comulgar
cada día y muy devotamente con
ruedas de racismo. Y los
"pastores" ni se enteran.
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Pierre
Toussaint: Roma prefiere "santos esclavos"
"Al
vertiginoso ritmo de la industria del fin de
siglo, el Vaticano está produciendo santos. En
los últimos veinte años el papa Juan Pablo II
beatificó a más de 900 virtuosos y canonizó a
casi 300. A la cabeza de la lista de espera,
favorito entre los candidatos a la santidad,
figura el esclavo negro Pierre Toussaint. Se
asegura que el Papa no demorará en colocarle la
aureola, «por mérito de su heroica virtud».
Pierre
Toussaint se llamaba igual que Toussaint
Louverture, su contemporáneo, que también fue
negro, esclavo y haitiano. Pero ésta es una
imagen invertida en el espejo: mientras
Toussaint Louverture encabezaba la guerra por la
libertad de los esclavos de Haití, contra el
ejército de Napoleón Bonaparte, el bueno de
Pierre Toussaint practicaba la abnegación de la
servidumbre. Lamiendo hasta el fin de sus días
los pies de su propietaria blanca, él ejerció
«la heroica virtud» de la sumisión: para ejemplo
de todos los negros del mundo, nació esclavo y
esclavo murió, en olor de santidad, feliz de
haber hecho el bien sin mirar a quién. Además de
la obediencia perpetua, y de los numerosos
sacrificios que hizo por el bienestar de su ama,
se le atribuyen otros milagros"
Leer más
en
http://personales.alumno.upv.es/~pausalvi/Eduardo_Galeano/altres_articles/espejos_blancos.htm
Josefina Bakhita:
otra "santa esclava"
Otra
"santa esclava", de fines de s. XIX, es Josefina
Bakhita(1869-1947). Nació en 1869 en Sudán.
Tenía siete años cuando fue raptada por negreros
árabes que la vendieron en los mercados de
esclavos. Experimentó las humillaciones y los
sufrimientos físicos y morales de la esclavitud,
pasando de mano en mano cinco veces por varios
dueños que la sometieron a crueldades y malos
tratos. En Jartum la compró el cónsul italiano
que la llevó a Génova. En 1888 fue confiada al
cuidado de las religiosas canossianas que la
prepararon para el bautismo y en cuya
congregación ingresó finalmente. Tras 50 años de
vida ejemplar murió perdonando a los negreros,
el 8 de febrero de 1947. Fue beatificada por
Juan Pablo II el 17 de marzo de 1992, quien
también la canonizó el 1º de octubre de 2000. Su
fiesta, el 8 de febrero. Nada se nos dice de su
vida en el convento, pero se puede deducir que
sus compañeras monjas europeas no fueron mejores
que los esclavizadores. Cuando se dice que murió
tras una vida ejemplar nos podemos
imaginar lo peor: Debió ser la esclava de la
comunidad. Arrastrase heroicamente, sin
rechistar. "He aquí la esclava de la comunidad.
Hágase en mí según vuestra voluntad, hermanas".
Carlos Lwanga
y compañeros, la servidumbre del rey
"Carlos
Lwanga, el favorito del rey, remplazó a José en
la instrucción y liderato de la la comunidad
cristiana en la corte. También el hizo lo
posible por evangelizar y proteger a los varones
de los deseos lujuriosos del rey. Las oraciones
de José lograron que la persecución del rey
amainara por seis meses. Pero en mayo del 1886
el rey llamó a uno de sus pajes llamado Mwafu y
le preguntó porque estaba distante del rey.
Cuando el paje respondió que había estado
recibiendo instrucción religiosa de Daniel
Sebuggwawo, el rey se montó en ira. Llamó a
Daniel y lo mató el mismo atravesándole el
cuello con una lanza.
Entonces ordenó que el complejo real sea sellado
para que nadie pueda escapar y llamó a sus
verdugos. Comprendiendo lo que venía, Carlos
Lwanga bautizó a cuatro catecúmenos esa noche,
incluyendo a un joven de 13 años llamado Kizito.
En la mañana, Mwanga reunió a toda su corte y
separó a los cristianos del resto diciendo:
"Aquellos que no rezan párense junto a mí, los
que rezan párense allá" El preguntó a los 15
niños y jóvenes, todos menores de 25 años, si
eran cristianos y tenían la intención de seguir
siendo cristianos. Ellos respondieron "SI" con
fuerza y valentía. Mwanga los condenó a muerte.
EL rey mandó que al grupo lo llevasen a matar a
Namugongo, lo cual representa una caminata de 37
millas. Uno de los jóvenes llamado Mabaga era
hijo del jefe de los verdugos. Este le rogó que
escapara y se escondiera pero Mbaga no quiso.
Los prisioneros atados pasaron la casa de los
Padres Blancos en su camino. El Padre Lourdel
mas tarde relató sobre el jóven Kizito de 13
años, que sonreía y animaba al resto. Invitó a
todos a cogerse de manos, para así ir unidos y
ayudarse a mantener el ánimo. Lourdel estaba
asombrado del valor y el gozo de estos nuevos
cristianos camino al martirio. Tres de ellos
fueron martirizados en el camino".
Leer más en
http://www.corazones.org/santos/carlos_luanga.htm
Por lo visto y oído,
el racismo sigue incrustado y enraizado en el
corazón de muchas religiosas y religiosos de la
Iglesia católica que van a comulgar diariamente
con odio y desprecio al hermano por alergia al
color de su piel. Este racismo no ha nacido ni
del secularismo ni del laicismo. Es de cosecha
propia.