La trata de vocaciones africanas

Simplemente aberrante

 

Congregaciones y Órdenes Religiosas decadentes (Agustinas, Carmelitas, Mercedarias, Clarisas, Dominicas, Sagrada Familia de Urgell, etc.), acobardadas -a igual que sus Pastores- ante el reto de tener que evangelizar o re-evangelizar su propio continente, al que acusan de haberse secularizado y ateizado; ante el pavor de tener que ponerse las bambas para salir a buscar vocaciones en su propio entorno social, hueso duro de roer y difícil de convencer, para no tener que mancharse las sotanas y hábitos, pretenden prolongar su agonía y extinción huyendo despavoridas a zonas pobres de África (América latina o a la India) a buscar y a captar -con engaños y falsas promesas- materia  fresca, joven y prima, así como mano de obra barata o gratuita, incurriendo en una vergonzosa y nada evangélica “trata de vocaciones”, auténtica trata de personas; personas (incluso menores de edad) a las que mantienen cautivas en el temor, chantajeadas en la pobreza y ancladas en la suma ignorancia. Al fin y al cabo, para subir al cielo -se les dice- sólo se necesita "una poquita de gracia" y una escoba. Esta práctica, con tintes mafiosos, debe prohibirse. Estamos totalmente en contra de que África sea el mercado abastecedor de los conventos europeos. Como lo fue de las plantaciones de los piadosos esclavistas cristianos. Y mucho más conociendo cómo en algunos de esos conventos se intenta repetir la crueldad y racismo religioso sin límite que hizo forzosamente "santos" a Sor Chikaba,  a Martín de Porres o a Pierre Toussaint, auténticos antimodelos para los africanos, y que fueron esclavizados más allá del sufrimiento por sus propios correligionarios de congregación en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y los "Pastores", ayer como hoy, sin enterarse o bien enterados. Su pastoreo se realiza únicamente desde los despachos y entre papeles y sin renunciar jamás al poder, honor y gloria mundanos.

 

Nadie se ha preguntado cuándo cualquier Beatísimo Padre, tan aficionados a los "triregnos", sillas gestatorias, los honores (militares) mundanos y al codeo con los poderosos de este mundo, sus colegas, se pondrá unas sandalias -¿las del humilde pescador?- para ir a evangelizar de incógnito, no ya a África, sino a algún barrio de prostitutas de la ciudad de Roma? Bah! Eso son cosas de Jesús, ese pobre hombre. Está más que comprobado que el "sucesor de Pedro" no le "sucede" en estos duros menesteres. La "sucesión apostólica" defendida por la teo-ideología oficial es para otro tipo de justificaciones interesadas que chocan contra el sentido común del evangelio.

Empezando por el Jefe de Estado, "Santísimo Padre", siguiendo por los "purpurados" y "príncipes" de la Iglesia, y pasando por la larguísima serie de eminentísimos y reverendísimos, priores, superiores, "padres" y "madres" que exigen conversión a los demás, pero que son absolutamente incapaces de renunciar, como mínimo y para empezar, a esos pomposos títulos mundanos, a las reverencias y besamanos. Pretenden guardar el "depósito de la fe", pero tienen guardada esa supuesta fe en un buen depósito. Cuando leen en el NT que sólo Dios es "Padre", no tienen inconveniente en sacar de ese depósito cualquier interpretación que justifique el milenario afán de grandeza de quienes escandalosamente se autodefinen como "siervos de los siervos de Dios" desde la Jefatura de Estado. Ninguna Congregación -TODAS ya domesticadas en la dolosa obediencia- se atreve, como Pablo, a cantarle las 40 al Beatísimo Padre (título intrínsecamente herético) y Sumo Pontífice (título absolutamente mundano). Los Jesuitas, por ejemplo, hace tiempo que han vendido su fidelidad al mensaje de Jesús por un plato de obediencia al Jefe de Estado. Ya no pueden poner el dedo en la llaga porque hace tiempo que tienen LA LLAGA EN EL DEDO. Y a esta Iglesia no hay quien la cure. El Espíritu creador -como se le invoca diariamente- renovará algún día la faz de la tierra, pero dudo que renueve jamás el interior de una Iglesia cuyos dirigentes aceptaron -y se resisten a soltar- "los reinos de este mundo y su gloria" que un día les ofreció alguien que no era precisamente Jesús.

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Consultad próximamente www.latinizantes.net y podréis descubrir cómo las iglesias coloniales, particularmente la Iglesia latina, saltándose completamente el mandato de los Apóstoles y rompiendo prácticamente la sucesión doctrinal, esa que no interesa, fueron por el mundo no haciendo discípulos, sino súbditos; no haciendo creyentes, sino clientes; no evangelizando, sino simplemente cristianizando, esto es, latinizando. Si los "judaizantes" quisieron imponer sus costumbres y leyes a los nuevos creyentes, y no pudieron salirse con la suya, los latinizantes, convertidos en "soldados de Jesús" y ayudados por los batallones de los respectivos imperios, impusieron absolutamente TODO a los creyentes africanos. Podríamos hacer una larga lista. Es más fácil preguntar qué es lo que no impusieron. A causa de esta conducta, todavía mantenida hoy en día por las tropas misioneras (católicas, evangélicas, ortodoxas, etc.), a los judaizantes el NT los califica de "falsos hermanos". Los latinizantes no se dan cuenta del error, de esa falsa hermandad que practican con muy buena voluntad. Curiosamente, a Pablo, que defendió la libertad de los nuevos creyentes frente a las pretensiones de los judaizantes, los ideólogos del catolicismo le llaman el "campeón de la libertad cristiana". Si los guardianes del "depósito de la fe" ya persiguieron cruelmente a la "teología de la liberación", ¿Qué no harán los latinizantes con la "teología de la inculturación"? ¿Seremos acaso considerados "campeones de la libertad cristiana" quienes nos enfrentamos a los falsos hermanos latinizantes que consideran sus prácticas, sus creencias, sus estructuras, sus cánones, como "necesarias" para la salvación y nos oponemos a la circuncisión o ablación cultural impuesta "manu militari" por iglesias que, a pesar de la falsedad manifiesta de sus prácticas misioneras, totalmente contrarias al Evangelio, siguen autocalificándose poco humildemente de iglesias "verdaderas" y sin pedir perdón a los pueblos sometidos a la circuncisión cultural? Los latinizantes mantienen que "Juan, John, Joao" son nombres "cristianos" obligatorios para los creyentes africanos. El nombre es el primer signo de identidad (cultural) de una persona. Para los latinizantes, que deslegitiman la onomatología tradicional africana, el nombre hace al "cristiano". El nombre de los antepasados europeos, claro.